Venezuela concentra las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, con más de 40.000 millones de toneladas. Esta cifra representa el 17% de las reservas mundiales, superando incluso a Arabia Saudí. No obstante, este dato por sí solo ofrece una imagen incompleta.
Las reservas corresponden en su mayoría a crudo pesado y extrapesado, más costoso y complejo de extraer y procesar. Además, requiere inversiones de capital intensivas. Esta es una de las razones por las que la producción del país representa apenas el 1% del total global.
El gráfico inferior muestra la producción estadounidense, representada en área azul, frente a la producción venezolana, en área morada. La comparación refleja un claro desacoplamiento entre reservas y producción. Se trata de una anomalía entre las grandes potencias energéticas.
Reservas récord, producción mínima en Venezuela.
Pero hay más factores en juego. Las sanciones internacionales, el deterioro de la infraestructura petrolera y la corrupción fueron erosionando la capacidad productiva de Venezuela desde finales de los años noventa. El resultado es un país con reservas colosales, pero incapaz de monetizarlas de forma eficiente.
Por otro lado, Estados Unidos protagonizó su propia revolución energética. Durante la última década, el país pasó de ser un gran importador a convertirse en uno de los mayores exportadores mundiales de petróleo. En ese periodo, llegó a doblar su producción.
Así, el despliegue de la flota estadounidense en el mar Caribe no se configura como una acción puntual contra el narcoterrorismo. Responde más bien a una operación premeditada para controlar la producción y venta de crudo, consolidando la posición estadounidense en Sudamérica por sobre la de sus rivales geopolíticos.
En un contexto global en el que el petróleo sigue siendo la principal fuente de energía primaria, la historia energética de Venezuela resulta ilustrativa. Demuestra que, para un país, las materias primas no valen solo por existir. Su valor depende de la capacidad institucional, tecnológica y geopolítica para explotarlas. De lo contrario, la abundancia sin gobernanza puede convertirse en un lastre.
Fuente: fundspeople.com
Autor: Bruno Parraguez Sasso
Fecha: 16 de Febrero de 2026
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